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5.2.26

El códigos Aparinci. La película que nunca existió.

 


La madrugada del 1 de febrero de 2026, Fernando Esteso, uno de los cómicos más emblemáticos del cine popular español, falleció a los 80 años en el Hospital Universitario La Fe de Valencia, tras un deterioro de su salud a causa de problemas respiratorios que venía arrastrando en los últimos años.

Su pérdida no es solo la desaparición de un actor querido, sino el cierre simbólico de una época cinematográfica que marcó a varias generaciones de espectadores. A través de sus personajes y canciones, Esteso supo reflejar con humor, picardía y una autenticidad inconfundible los cambios sociales de España en la segunda mitad del siglo XX.  

Fernando Esteso nació en Zaragoza en 1945 en el seno de una familia de artistas itinerantes. Desde niño actuó en espectáculos de variedades y teatro, desarrollando un estilo cercano al público desde los primeros años de su carrera. 

Tras trasladarse a Madrid en 1964, Esteso se consolidó como humorista en televisión y cine. Aunque sus primeros papeles fílmicos datan de principios de los años setenta, fue a finales de esa década cuando alcanzó el estrellato. 

Andrés Pajares, nacido en Madrid en 1940, ya gozaba de experiencia en teatro, cafés-teatro y televisión cuando su carrera cinematográfica despegó a finales de los años setenta. Con una versatilidad que abarcó actuación, escritura y dirección, Pajares tenía ya un recorrido sólido antes de formar el dúo con Esteso. 

La historia de Pajares y Esteso se cruza en 1979, cuando comenzaron a rodar juntos bajo la batuta del director Mariano Ozores. Entre 1979 y 1983 rodaron nueve películas consideradas por muchos como iconos del cine popular de la Transición española, entre ellas Los bingueros (1979) y Yo hice a Roque III (1980). Estas comedias, con humor directo y a menudo picante, conectaron con un público ávido de libertad tras décadas de censura cultural, reflejando un país que se abría a la modernidad con risa y desenfado. Sin embargo, también se convirtieron en objeto de debate crítico con el paso del tiempo. Hoy se analizan desde perspectivas diversas: algunos las reivindican como un reflejo del ingenio popular de su tiempo; otros critican ciertos elementos por su tono que ahora puede percibirse como políticamente incorrecto.

A pesar de ello, no cabe duda de que Pajares y Esteso marcaron un hito en la cultura popular española, llevando la comedia al gran público con un sello propio y dejando escenas, gags y frases que han perdurado en la memoria colectiva. 

A mediados de los años 2000 (concretamente en 2006) se anunció con gran expectación el regreso de Esteso y Pajares como pareja protagonista en una nueva película, veinticinco años después de su última colaboración cinematográfica. El título elegido fue El código Aparinci, una parodia cinematográfica de El código Da Vinci, la superventas de Dan Brown que había arrasado en todo el mundo. 

La idea era recuperar el espíritu gamberro y picaresco del dúo cómico, pero actualizándolo:

Esteso iba a interpretar al propietario de una empresa de autobuses, un hombre entrañable y torpe.

Pajares sería un guía turístico con chispa y mucho salero.

Juntos encontrarían unos pergaminos del siglo XVI creados por un caballero templario valenciano, que desvelarían secretos ocultos. 

La película se vendió desde el principio como un taquillazo potencial para el cine español, una comedia ligera y popular que mezclaba misterio, guiños históricos y el humor castellano tan característico de ambos actores. Incluso se barajaron figuras invitadas, castings en discotecas e insistentes preparativos para iniciar rodaje ese mismo año. 

 ¿Qué falló? ¿Por qué nunca se rodó?

A pesar de la expectación y la vuelta mediática del dúo, el proyecto se vino abajo antes de comenzar la filmación. Las razones incluyen:

Problemas personales de Andrés Pajares, quien tuvo que abandonar la producción repentinamente para someterse a un tratamiento de desintoxicación por adicciones. 

A raíz de esto, el impulso inicial se diluyó y no se pudo cerrar la financiación ni asegurar los acuerdos de producción necesarios para la filmación. 

Con el paso del tiempo el proyecto quedó en un rumor clásico del cine español: una película anunciada que nunca llegó a materializarse. 

Aunque nunca llegó a rodarse, El código Aparinci figura en muchas crónicas del cine español como uno de esos proyectos que generaron mucha ilusión entre los fans de la comedia popular, por reunir de nuevo a dos iconos del género. Su fracaso también se ha interpretado como un símbolo del cambio de ciclo del cine español popular, que ya no encontraba un espacio tan claro para este tipo de comedia tradicional en los años 2000. 

El cine en el que Esteso y Pajares triunfaron no puede comprenderse sin situarlo en la España del final del franquismo y la Transición. Fue un momento de intenso cambio, de apertura y búsqueda de nuevas libertades. Las salas de cine se convirtieron en ágoras donde la sociedad se miraba a sí misma con ironía. La risa, a veces traviesa, funcionaba como catalizador de tensiones y como válvula de escape ante las transformaciones de la vida cotidiana.

Hoy, muchas de esas películas pueden parecer ajenas o incluso chocantes para los ojos contemporáneos, pero forman parte de un proceso histórico y cultural: una España que, tras décadas de represión, reía, y se reía, de sí misma, de sus tabúes y de sus contradicciones.

La muerte de Fernando Esteso marca el adiós definitivo a uno de los últimos baluartes de una risa que unió a millones de espectadores. Su obra, junto a la de Andrés Pajares, no solo fue entretenida, fue también un espejo de su tiempo. Mientras algunos critican ahora ciertos elementos de su humor, es justo recordar que sus películas surgieron de una cultura y una ética moral específicas, propias de una sociedad en transición y en busca de su voz. 

Más allá de las etiquetas y las revisiones contemporáneas, su legado artístico sigue siendo un legado de memoria cultural. Las risas que provocaron no fueron gratuitas: fueron espejo de una España que aprendió, a través de la comedia, a mirarse a sí misma con frescura y humanidad.

Y en esa memoria, con todas sus complejidades, Pajares y Esteso ocupan un lugar indeleble en la historia del cine español. 

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