En algún lugar entre la constelación de Orión y el área de servicio de la autopista A-5 interestelar, una nave con forma de bombo gigante surcaba el hiperespacio haciendo pi-pi-pi-piiii.
Al frente, con gorra de capitán y una bocina que decía “HONK” en varios idiomas galácticos, iba Gaby.
—¿Cómo están ustedes? —preguntó con solemnidad cósmica.
Un coro de marcianitos verdes, con antenas temblorosas, respondió al unísono:
—¡Bieeeeeeen!
En la cabina de mandos, Fofó pulsaba botones al azar. Cada vez que tocaba uno, la nave cambiaba de color y sonaba un acordeón.
—Miliki, ¿este botón pone “hipersalto” o tal vez “horchata”? Me he olvidado las gafas!!
—Depende de si lo aprietas con la nariz o con el codo —respondió Miliki, mientras afinaba una guitarra que flotaba en gravedad cero.
De pronto, el más joven de la tripulación, Fofito, salió disparado por la falta de gravedad, agarrado a un globo rojo que se negaba a obedecer las leyes de Newton.
—¡No me esperes, que me mareo! —gritaba mientras daba vueltas alrededor del timón cuántico.
El ordenador de a bordo anunció con voz flamenca:
—Destino programado: Planeta 3, sistema “Hola Don Pepito”.
Miliki rasgueó la guitarra y comenzó:
—🎵 Hola Don Pepito… 🎵
Desde el planeta respondieron miles de alienígenas con bigote postizo:
—🎵 Hola Don José… 🎵
El problema fue que, como en el hiperespacio el eco dura tres años luz, la canción se convirtió en un canon infinito que amenazaba con romper el continuo espacio-tiempo. Gaby tuvo que intervenir:
—¡Señores marcianos, en orden y sin empujones, que aquí no hemos venido a doblar galaxias!
En el hangar número siete viajaba una gallina con casco espacial.
—Es especial —dijo Fofó—. Pone huevos de antimateria.
Miliki, solemne, anunció:
—🎵 Yo conozco una vecina que ha comprado una gallina… 🎵
La gallina, conocida oficialmente como Turuleca Prime, puso un huevo que explotó en confeti cósmico y dejó escrito en el vacío: “¡JA JA JA!”
Fofito, cubierto de purpurina estelar, sentenció:
—¡Tiene las patas de alambre porque viene del planeta Cobre!
Una patrulla espacial les dio el alto.
—Documentación y licencia de payasada —exigió el comandante, un pulpo fosforescente.
Gaby, muy serio, respondió:
—Somos artistas internacionales, universales y multiversales. Venimos en son de paz… y de trompeta.
Miliki empezó a tocar “Susanita tiene un ratón” versión sideral. El ratón apareció convertido en meteorito con sombrero cordobés.
El pulpo, emocionado, soltó tinta fluorescente formando corazones.
—Pueden continuar. Pero cuidado con el agujero negro de la derecha; se traga hasta los chistes malos.
—¡Entonces estamos perdidos! —susurró Fofó.
Decidieron montar función en mitad del hiperespacio. La carpa era una nebulosa rosa. Las estrellas hacían de focos.
—¡Que empiece el espectáculo! —anunció Gaby.
Fofito hizo una voltereta que duró exactamente nueve minutos terrestres. Fofó lanzó tartas que se quedaban flotando hasta que alguien pasaba y ¡plas! directo en la cara. Miliki cantó:
—🎵 La gallina turuleca… 🎵
Y miles de asteroides aplaudieron chocando entre sí.
En el clímax del show, todos gritaron:
—¿Cómo están ustedes?
Y el universo entero respondió:
—¡Bieeeeeeen!
El eco viajó por galaxias remotas, rebotó en Saturno, hizo cosquillas en Marte y regresó convertido en carcajada.
Cuando regresaron a la Tierra, nadie creyó su historia.
—Eso no puede ser verdad —dijo un productor de televisión.
Gaby guiñó un ojo:
—En el hiperespacio todo es verdad… sobre todo lo que parece mentira.
Y mientras se alejaban, la nave-bombo volvió a sonar: pi-pi-pi-piiiii, dejando tras de sí una estela de risas, canciones y un cartel luminoso que decía:
“El que ríe último… ríe en gravedad cero.”
























