Hay canciones que no solo se escuchan. Se viven. Se quedan para siempre escondidas en algún rincón de la memoria, esperando el momento oportuno para volver a sonar. Para mí, una de ellas siempre será "Holding Out for a Hero".
Todavía puedo recordar, siendo un chaval en aquellos maravillosos años ochenta, completamente fascinado por aquel videoclip rodado entre los paisajes inmensos del Gran Cañón del Colorado. Aquellas montañas infinitas, el viento levantando el polvo, Bonnie Tyler cantando con aquella voz imposible, áspera, poderosa, como si estuviera desafiando al propio horizonte. Parecía que no interpretaba una canción, parecía que estaba convocando a los héroes de una generación.
Hoy, al conocer la noticia de su fallecimiento a los 75 años, siento que se marcha algo más que una cantante. Se apaga otra de esas voces que dieron banda sonora a una época irrepetible.
Bonnie Tyler era distinta. En un mundo donde abundaban las voces perfectas, ella convirtió la imperfección en un sello de identidad. Su garganta rota sonaba más humana que ninguna otra. Nos regaló himnos eternos como "Total Eclipse of the Heart", "It's a Heartache" o aquella inolvidable "Holding Out for a Hero", sin olvidar la fabulosa colaboración que hizo con Mike Oldfield en su disco "Islands". Canciones que aún hoy conservan la capacidad de ponernos la piel de gallina décadas después.
Los ochenta tienen algo difícil de explicar a quienes no los vivieron. Esperábamos con ilusión que un videoclip apareciera en televisión. Grabábamos canciones en cintas de casete implorando que el locutor no hablara encima del final. Comprábamos discos, leíamos las letras en los libretos y cada éxito parecía durar una eternidad. La música no competía por sobrevivir quince segundos en una pantalla vertical, encontraba un lugar permanente en nuestras vidas.
Hoy todo parece suceder mucho más deprisa. Las canciones nacen virales y desaparecen con la misma velocidad. Consumimos música como quien cambia de escaparate, mientras entonces aprendíamos a querer cada disco, cada artista y cada melodía. No digo que antes todo fuera mejor. Simplemente era diferente. Quizá escuchábamos con menos prisas... y sentíamos un poco más.
La muerte de Bonnie Tyler es otro de esos pequeños avisos que el tiempo nos envía sin pedir permiso. Poco a poco se van marchando quienes pusieron voz a nuestra juventud. Y con ellos comprendemos que también nosotros nos hemos convertido en guardianes de aquellos recuerdos.
Pero hay algo que la muerte nunca podrá llevarse. Mientras alguien vuelva a subir el volumen del coche y suene esa voz rasgada atravesando los altavoces, mientras un adolescente descubra por primera vez una de sus canciones, mientras cualquiera cierre los ojos al escuchar sus primeros acordes, Bonnie Tyler seguirá viva.
Porque los héroes de los que ella cantaba quizá nunca existieron. Pero las canciones capaces de derrotar al tiempo sí. Y la suya, sin ninguna duda, será una de ellas.

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