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2.11.26

Mis difuntos

 


Entre velas que titilan con calma y olor a cera quemada,

el velo del tiempo se vuelve ligero y llega la madrugada.

Es el Día de los Difuntos, la noche en que el alma abriga

la memoria sagrada de aquellos que dio la vida.

​Hoy cruzan el puente invisible los pasos que ya no están,

los nombres que el viento nombra y el tiempo no borrará.

Vienen en susurros de brisa, en la sombra de un rincón,

a habitar de nuevo el templo de nuestro propio corazón.

​Mis amados que se marcharon, guiados por la quietud,

Vosotros que fuisteis faro, refugio, risa y virtud:

no hay distancia que apague el fuego que en el pecho arde,

ni olvido que gane al tiempo antes de que llegue la tarde.

Vosotros vivis latentes en cada gesto y en cada flor,

en el eco de una palabra y en el rescoldo del amor.

Aunque sus manos ya no toquen ni se escuche su cantar,

su luz sigue siendo el puerto a donde siempre he de volver a recordar.

​Descansen en paz, queridos, en la luz eterna y la calma,

que mientras yo tenga memoria, vivirán dentro de mi alma.

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