Se habló en este blog de...

27.1.26

El idioma de la lluvia


Lleva semanas lloviendo. No es una lluvia cualquiera, sino una sucesión de borrascas que llegan sin pedir permiso, como si el cielo hubiera decidido no conceder treguas. Las nubes se relevan unas a otras con la disciplina de un ejército antiguo, y el agua cae con una perseverancia que ya no sorprende, pero sí transforma.

Así es también la vida. Hay temporadas en las que todo parece estable, luminoso, casi sencillo. Y, de pronto, algo cambia: una pérdida,una decepción, una noticia inesperada. Entonces empieza a llover. Primero con timidez, luego con furia, y después con esa lluvia fina y constante que cala sin hacer ruido. Cuando crees que la tormenta ha pasado, otra borrasca asoma en el horizonte.

Las calles mojadas se parecen a la memoria: reflejan luces que ya no existen, pasos que ya no están, voces que se han ido. Los charcos son como las preguntas que no supimos responder, y el viento, ese viento obstinado, recuerda que nada permanece quieto demasiado tiempo.

Pero incluso en los días más grises hay algo que resiste.

Un árbol que no se rinde, una ventana encendida, el olor a tierra mojada que anuncia que, bajo el barro, la vida sigue trabajando en silencio. La lluvia, aunque parezca castigo, es también una forma de limpieza, una manera de preparar el mundo para algo nuevo.

Quizá los avatares de la vida sean eso: borrascas necesarias. No llegan para destruirnos, sino para obligarnos a mirar de otro modo, a caminar más despacio, a comprender que después de tanta agua,siempre, inevitablemente, vuelve la luz.Y entonces, cuando el cielo se abre por fin, comprendemos que no éramos más débiles, sino más hondos.

No hay comentarios: