27.2.16

Ramón Tosas "Ivá" en el recuerdo.

Hoy, revisionando algunos viejos cómics que guardo como oro en paño, me he acordado del gran "Ivá". Aunque pueda parecer que fué un dibujante, más o menos, de culto o para una minoría, lo cierto es que con el paso de los años el legado o herencia artística y cultural de Ramon Tosas, como se llamaba en realidad, ha permanecido incluso para las generaciones que no vivieron su época más gloriosa. Ramón Tosas, nació en abril de 1941 en Manresa. Podía explayarme aquí y escribir una extensa biografía de su obra, sus personajes más populares, las adaptaciones que se hicieron tanto en cine, teatro o televisión. A día de hoy y casi 23 años después de su muerte, sigo leyendo y partiendo de risa, con aquellas historietas de "Makinavaja" y de "Historias de la puta mili", historietas que viendo como está el panorama, con lo que es políticamente correcto, moral, o daña la sensibilidad de mentes añejas, muchas de ellas hubiesen sido un escandalazo de tres pares. Menos mal que no le tocó vivir la época de las redes sociales e internet porque hubiese sido caldo de cultivo de los grupos más carcas, conservadores e intolerantes de los muchos que por desgracia hay. Según cuentan, la vida de Ivá, era todo un cúmulo de anécdotas y vivencias, muchas de las cuales, mordaces e irreverentes, reflejó en aquellos personajes de "Makinavaja", donde repartían leña con su peculiar ética y estilo filosófico, cargando contra cualquier tipo de sistema y moral establecidas. Hay una que me hace especial gracia. Ramón Tosas "Ivá", era un tipo bastante orondo, algo que le generaba algunos problemitas de salud. Cuando cierto día. al subir a la báscula, vieron que la aguja sobrepasaba los 130 kilos, en su familia decidieron que algo había que hacer para que perdiera unos kilitos. Así que un buen día y a regañadientes decidió acudir a un dietista que le puso una estricta dieta. Al cabo de unas semanas, a pesar de que cumplía a rajatabla todo lo indicado, su mujer observaba que no había perdido ni un sólo gramo. No era posible. Cierto día, Ivá pilló una gripe y no pudo, tal como hacía a diario, sacar a su perro a pasear, así que lo hizo su mujer, y comprobó con sorpresa como el animal se paraba delante de todos los bares de la zona y los camareros al ver al perro con una persona que no era la habitual le preguntaron a su mujer, qué era lo que le pasaba a Ramón, que ese día no había bajado a tomarse la cerveza y la tortilla de patatas que le ponían de aperitivo a diario. Un tipo enorme, en todos los sentidos.

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