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25.5.09

Asco y pena


Ocurrió ayer mismo por la tarde. En una bonita localidad de la provincia de Cáceres donde nos dirigíamos a disfrutar, como en otras ocasiones, de un magnífico evento musical, en este caso el Requiem de Tomás Luis de Victoria.
Como la llegada fué con bastante antelación, decidimos hacer algo de tiempo e ir a tomar un café o refresco a la primera cafetería que encontrasemos abierta. Después de andar unos minutos por fín encontramos un restaurante que en la planta baja hacía las veces de bar y cafetería. Practicamente no había nadie, salvo una pareja detrás de la barra y otra pareja junto con una niña de unos diez años con la compañía de un tipo grueso con la cabeza rapada.
El tipo en cuestión, que afirmaba tener de 37 a 38 años, hablaba en un tono demasiado alto para lo que sugería el lugar, intentando hacer copartícipes de su conversación y evidentemente con la clara intención de que se oyera bien todo lo que decía, cerveza en mano y con evidentes signos de no ser la primera que se tomaba.
Se jactaba de echar de ese bar a todo "maricón", "moro" y "sudaca" que allí entraba, aunque el sólo fuera amigo del dueño y no tuviera nada que ver con el negocio.
Entre otras perlas, propagaba la supremacía del hombre sobre la mujer, la sumisión y obediencia que ella tenía que tener y sobre todo mano dura si eso no sucedía.
Decía tener y adiestrar perros de razas como Pit bulls, Rottweilers, Dobermans, enseñarles a atacar y organizar y asistir a peleas de estos animales.
Instantes después a la pareja y la niña que le acompañaba les mostraba un tatuaje de las "SS" Nazis que tenía en la espalda y con orgullo afirmaba que eran unos tipos cojonudos capaces de matar a más de 1500 judíos en media hora.
Todo esto lo expuso en menos de cinco minutos. Apenas pude terminar de tomarme el refresco y tuve que salir de ese local, aunque mis acompañantes aún no hubieran terminado. Necesitaba respirar aire fresco, aire que no respirase esa basura de ser humano, ese descerebrado con no sé que tipo de moral, de educación o de ética le inculcaron o que alguien le lavó sus escasas neuronas.
Una sensación de profundo asco fué la que tuve al salir de ese local. Incluso tuve que alejarme bastantes metros para no seguir oyéndolo, ya que en el silencio de la tarde y de la calle, su voz, se hacía notar a una distancia considerable.
Asco, mucho asco me dió aquel tipo, pero también pena, mucha pena, no ya sólo por él, porque al fin y al cabo no deja de ser un pobre diablo, una escoria humana, un tipo que no tiene ni tendrá la capacidad de ir por la vida de una manera digna. Más pena me dió por los dos o tres que le escuchaban, que no sabían, podían o querían ponerle freno a las barbaridades que decía. Y por la niña de nueve o diez años que les acompañaba.

5 comentarios:

Belén dijo...

Yo te hubiera acompañado en la salida...

Besicos

Drea dijo...

Qué barbaridad, en los tiempos que corren...

Maria Coca dijo...

Menudo espectáculo. Te entiendo, Alberto. Es increíble cómo puedes encontrarte personas que piensan así hoy día.

Un saludo.

Álvaro Dorian Grey dijo...

la pena es la niña, que futuro la espera. No hay palabras para tipos así, escoria humana...
saludos y salud

Ana Marie dijo...

Que asco de ser y que penita que SIEMPRE seguirá existiendo gente así, que solo rezuman odio y maldad.
Un saludo.